La nueva normativa que cambió la vida escolar
La restricción estricta del uso del celular dentro de la escuela comenzó este año con el objetivo de mejorar la concentración, la convivencia y el rendimiento académico. Mientras Directivos y Docentes destacan cambios positivos, algunos alumnos consideran que la medida es demasiado estricta y cuestionan las dificultades que genera en la vida cotidiana. Por Luciana Gallo y Sofía Pellicano 5º COM B
Desde comienzos de este año, la escuela se adecuó a la nueva normativa indicada por el Ministerio de Educación que restringe completamente el uso del celular dentro de la institución. La medida establece que los estudiantes deben mantener los dispositivos apagados y guardados en la mochila durante toda la jornada escolar, salvo que algún docente autorice su utilización con fines estrictamente pedagógicos.
La decisión surgió luego de una creciente preocupación por el impacto del uso excesivo de los teléfonos en el rendimiento académico, la convivencia escolar y la salud emocional de los adolescentes. Según explicó Lucas Saravia, Jefe de Preceptores, “la normativa comenzó a discutirse luego de los resultados obtenidos en evaluaciones educativas realizadas en la Ciudad de Buenos Aires y en otras escuelas del país”.
“Se determinó que había un bajo índice educativo relacionado con el uso y abuso del celular. Muchos chicos decían que no podían dejarlo o que les costaba concentrarse”, señaló Saravia. A partir de allí, el Ministerio de Educación impulsó regulaciones para limitar el uso de los dispositivos móviles en las escuelas, aunque cada institución pudo adaptarlas según sus necesidades.
En el Instituto Evangélico Americano, la decisión fue aplicar una prohibición total. Paula Ramos, Directora de Estudios, explicó que el colegio ya venía trabajando en limitaciones graduales desde el año pasado, permitiendo el uso en determinados recreos o momentos específicos; sin embargo, las dificultades continuaban.
“Todo lo negativo que sucedía con el uso del celular nos obligaba a intervenir constantemente: alumnos que se copiaban en las pruebas, apuestas online, fotos tomadas sin consentimiento, problemas de convivencia y conflictos con pagos en el kiosco o el comedor”, explicó Ramos. Además, sostuvo que el teléfono había comenzado a ocupar un lugar excesivo en la vida de los estudiantes. “Nos habíamos vuelto ultra dependientes del teléfono socialmente”, afirmó.
Uno de los principales objetivos de la normativa es mejorar la concentración en clase y recuperar formas de interacción social que, según docentes y directivos, se habían perdido con el uso permanente de las pantallas. Tanto Saravia como Ramos coincidieron en que, desde la implementación de la medida, comenzaron a observarse cambios en los recreos y en la dinámica escolar.
“Ahora los chicos hablan más entre ellos, juegan y comparten cosas que antes no pasaban porque cada uno estaba encerrado en su celular”, comentó Lucas y también destacó que volvieron a aparecer juegos de mesa y conversaciones cara a cara durante los recreos.
Desde el Departamento de Orientación Escolar, la Psicopedagoga Alejandra Guzmán, consideró que la regulación era necesaria debido al “uso indiscriminado” del celular entre los adolescentes. Sin embargo, aclaró que el problema no es la herramienta en sí misma, sino el uso que se hace de ella.
“Ninguna herramienta es mala por sí sola, el problema es cómo se utiliza”, explicó. Según la especialista, además de prohibir, también es importante trabajar en la concientización y el uso responsable de la tecnología.
Alejandra señaló que el uso excesivo de redes sociales puede afectar tanto el desarrollo emocional como el cognitivo de los adolescentes. Entre las consecuencias más frecuentes mencionó la disminución de los períodos de atención, la ansiedad y la dificultad para desarrollar pensamiento crítico.
“Los chicos están acostumbrados a pasar pantallas constantemente y eso hace que les cueste cada vez más sostener la atención”, sostuvo. También explicó que la exposición continua a la llamada “luz azul” de las pantallas altera los ciclos de sueño, algo especialmente preocupante durante la adolescencia, etapa en la que el descanso es fundamental.
A pesar de los beneficios señalados por docentes y especialistas, la normativa también generó críticas entre algunos estudiantes, especialmente en los cursos más grandes. Muchos consideran que la medida es demasiado estricta y que debería permitirse el uso del celular durante los recreos o el almuerzo.
Una alumna de 5º año opinó que la medida “ayuda a prestar más atención y concentrarse en clase”, pero cuestionó que no se pueda utilizar el teléfono en los momentos libres. “En los recreos estaría bueno poder usarlo para comunicarnos o distraernos un poco”, comentó.
Por otro lado, un estudiante de 1º año expresó su descontento con una situación concreta que le genera la prohibición: la imposibilidad de pagar con aplicaciones como Mercado Pago dentro de la escuela. “A veces me quedo sin comer porque no me dejan usar el celular para pagar”, argumentó.
Los preceptores reconocen que hacer cumplir la normativa no siempre resulta sencillo. Nelo Ramos, Preceptor de 1º año, explicó que los cursos más grandes presentan mayores dificultades porque ya estaban acostumbrados a usar el celular libremente en la escuela. “Los más chicos suelen obedecer más porque recién ingresan a la secundaria y no conocieron otra realidad”, señaló. En cambio, afirmó que muchos alumnos mayores reaccionan con rechazo y consideran que la medida es absurda.
Por Luciana Gallo y Sofía Pellicano 5º COM B



